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Iniciativa Climática de México

Cielos azules para las infancias

Noticias Cielos azules para las infancias Veronica Garibay septimbre 08, 2026. En todas las grandes ciudades del mundo, el tráfico vehicular es una fuente relevante de contaminación que afecta la salud de las poblaciones. Existe un volumen considerable de evidencia científica que documenta el daño que representa para las infancias exponerse a las emisiones del tráfico. En particular, el bióxido de nitrógeno (NO2), un gas proveniente de los escapes de autos y camiones, afecta el desarrollo pulmonar infantil, lo que genera mayor riesgo de padecer enfermedades pulmonares crónicas y mortalidad prematura. En efecto, las infancias son particularmente vulnerables a la polución. El Informe del Estado del Aire Global estimó en 2023 que cerca de una tercera parte de todas las muertes infantiles en el mundo fueron causadas por la exposición a la contaminación atmosférica. Tales datos nos ayudan a entender el que cada 7 de septiembre se conmemore el Día Internacional del Aire Limpio por un Cielo Azul. La fecha, establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2019, tiene por objetivo crear conciencia sobre los impactos de la contaminación del aire. Un problema que se ha convertido en el segundo factor de riesgo de muerte prematura a escala global, sólo por debajo de la hipertensión arterial, otro asesino silencioso.  Sin embargo, también hay datos esperanzadores. En particular, para la salud infantil expuesta a los gases del tráfico. Recientemente, se publicaron los resultados de un estudio realizado por 41 personas investigadoras de universidades británicas – entre las que se encuentran Oxford, Cambridge, el Imperial College, la University College London – que exhiben los beneficios de la creación de una Zona de Bajas Emisiones (ZBE). Dicha zona es un área urbana donde se restringe el uso de vehículos contaminantes, ya sea mediante cobros de acceso crecientes para aquellos que emiten más, o la prohibición de la circulación de aquellos que no sean eléctricos o híbridos. Las restricciones se aplican a todo tipo de vehículos: autos, taxis, motos, autobuses y vehículos de servicios, camionetas, camiones medianos y pesados de carga. Como se esperaba, se encontró que la exposición al citado gas NO2 era el doble en las infancias londinenses que en las ubicadas en Luton. El citado estudio comenzó en 2019, año en el que se estableció una ZBE en el centro de Londres, Reino Unido. Esta área se amplió en 2021 y 2023 para alcanzar una cobertura total de 1500 km2 donde habitan 9 millones de personas. Los investigadores centraron su atención en 3,414 niñas y niños de entre 6 y 9 años de edad, pertenecientes a 84 escuelas que estaban distribuidas en dos grupos: aquellas situadas dentro de la ZBE y las ubicadas en Luton, a 50 km fuera de dicha zona. Antes de que fueran establecidas las restricciones vehiculares, se midieron la exposición al aire contaminado y la función pulmonar en ambos grupos. Como se esperaba, se encontró que la exposición al citado gas NO2 era el doble en las infancias londinenses que en las ubicadas en Luton. A través de los años, se descubrió que esta exposición había causado en las infancias londinenses una reducción en la tasa de crecimiento de la función pulmonar en comparación con las de Luton. Los investigadores dieron seguimiento a ambos grupos de infantes entre 2019 y 2023 y descubrieron que en el conjunto de niños y niñas ubicados dentro de la ZBE se redujo la exposición al NO2 proveniente del tráfico vehicular y, al mismo tiempo, se recuperó su tasa de crecimiento de la función pulmonar.  Es decir, después de sólo 4 años de implementación de la ZBE, se revirtió la tendencia de daño pulmonar ocasionada por el NO2 a tal punto que la tasa de crecimiento de la función pulmonar de las infancias londinenses se emparejó con la del grupo de Luton. Así, no sólo se redujo la proporción de infancias con función pulmonar limitada, sino que estos niños y niñas tendrán mejores oportunidades de disfrutar de buena salud en su adultez.   Estos resultados son muy alentadores y contribuyen al creciente número de estudios que han documentado beneficios tangibles en la salud respiratoria y cardiovascular de personas adultas cuando se reduce su exposición al NO2 proveniente del tráfico vehicular. Medidas como las ZBE pueden ser controversiales y enfrentar mucha resistencia, pero estos hallazgos muestran que mejorar el bienestar de las infancias no es necesariamente un sueño para el futuro. Es posible reparar la salud de las generaciones actuales, en una etapa crucial de su desarrollo, pues en solo 4 años se observan los resultados que impactarán en el resto de sus vidas.  En Europa hay actualmente 320 ZBE en operación, principalmente como una medida para mejorar la calidad del aire y reducir la exposición de la población urbana a la contaminación por el tráfico. El modelo es, sin duda, un ejemplo de éxito que puede ser replicado en las grandes ciudades con una planeación adecuada.     Publicado el 7 de septiembre de 2026 en Proceso: https://www.proceso.com.mx/opinion/2026/9/7/cielos-azules-para-las-infancias-379413.html Facebook Twitter LinkedIn

Plataforma País

Plataforma País En este documento Área Política Climática Año Pub. 2025 Tipo Documento Idioma ■ Español □ Inglés Palabras Clave: Energías renovables Transporte Energía Eléctrica Agricultura y ganadería Residuos Petróleo y gas Uso de la Tierra   Iniciativa Climática de México ha elaborado este documento, Elementos para una Plataforma País para la Inversión en Clima y Desarrollo para México: una contribución desde la sociedad civil, como una contribución para los tomadores de decisiones del gobierno federal y como una herramienta de divulgación y concientización sobre la importancia de movilizar y escalar significativamente diversas fuentes e instrumentos de financiamiento climático.

ICM llama a activar una respuesta institucional preventiva ante los impactos de El Niño 2026 en México

Noticias ICM llama a activar una respuesta institucional preventiva ante los impactos de El Niño 2026 en México Iniciativa climática de México, agosto 19, 2026. ► La llegada de El Niño en un contexto de cambio climático podría incrementar riesgos relacionados con disponibilidad de agua, producción de alimentos, incendios, o inundaciones. ►El evento climático no producirá efectos homogéneos en el territorio mexicano.  Sus impactos dependen de la temporada, la región y las condiciones preexistentes. Ciudad de México, 18 de agosto de 2026. Durante el seminario “El Niño 2026: la liga con la emergencia climática global, qué esperar y cómo prepararnos”, organizado por Iniciativa Climática de México (ICM), junto con el Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, especialistas y autoridades analizaron la relación del fenómeno con la emergencia climática, sus posibles impactos ambientales, económicos y sociales, y las capacidades que requiere el país para anticiparse. Para ICM, la preparación debe concentrarse en cinco prioridades: establecer un mecanismo permanente de coordinación intersectorial e intergubernamental; regionalizar la información y los sistemas de alerta temprana; fortalecer la respuesta en sectores como salud, agua, alimentos, ciudades, energía y ecosistemas; incorporar un enfoque de riesgo que considere exposición, vulnerabilidad y capacidades diferenciadas en el territorio, y vincular las medidas frente a El Niño con la política nacional de adaptación al cambio climático. El Niño forma parte de la variabilidad natural del sistema climático Durante la conferencia magistral, Andreas Fischlin, excopresidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y profesor de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, explicó que El Niño forma parte de la variabilidad natural del sistema climático, pero advirtió que el episodio previsto para 2026 ocurre en un planeta considerablemente más cálido. Esa combinación puede amplificar riesgos relacionados con disponibilidad de agua, producción de alimentos, incendios, inundaciones y otros eventos extremos. El Panel 1, “El fenómeno de El Niño y su relación con el cambio climático: qué se espera este año”, profundizó en cómo traducir los pronósticos globales en escenarios útiles para México. Francisco Estrada, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM; Jorge Zavala, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, coincidieron en que El Niño no producirá efectos homogéneos en el territorio y que sus impactos dependerán de la temporada, la región y las condiciones preexistentes. “La pregunta no es sólo si va a llover más o menos, sino dónde y cuándo se esperan los impactos. En un evento de El Niño fuerte, la influencia del fenómeno puede volverse dominante y modificar patrones de precipitación, temperatura, ciclones, nortes y ondas de calor. Por eso, la preparación tiene que ser territorial y anticipada”, señaló Zavala. El Panel 2, “Posibles impactos ambientales, económicos y sociales de El Niño 2026 en México”, trasladó el análisis climático a sectores concretos. Margarita Caso, directora general de Conservación y Gestión de Mares de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales; Fabiola Sosa, jefa del Área de Crecimiento Económico y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana; Tania Pérez, subdirectora de Medio Ambiente de FIRA; y la MC Olivia Rodríguez, especialista del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), abordaron las implicaciones para ecosistemas, agua, actividades productivas y población. Uno de los temas centrales fue la seguridad hídrica. La combinación de déficit y exceso de precipitación puede poner a prueba presas, acuíferos y sistemas de abastecimiento que ya enfrentan los efectos acumulados de sequías anteriores y de la sobreexplotación. “El Niño incide en todo el ciclo del agua: no sólo en la precipitación, sino también en la evaporación, la humedad de los suelos, el escurrimiento superficial y la recarga de los acuíferos. Por eso, depender de más extracción subterránea o de trasvases no es una estrategia que garantice acceso al agua en el mediano y largo plazo; necesitamos decisiones de planeación que reconozcan la disponibilidad real del agua y su variabilidad climática”, señaló Sosa. El panel también abordó la seguridad alimentaria y los medios de vida rurales. La producción agrícola y ganadera puede resentir tanto una sequía anticipada como un exceso de humedad, por lo que la información agroclimática debe llegar a los productores y utilizarse para anticipar pérdidas, orientar apoyos y fortalecer instrumentos financieros y de aseguramiento. La protección de pequeños productores adquiere especial importancia por su mayor exposición y menor capacidad financiera para absorber impactos. Asimismo, los participantes destacaron la función de los ecosistemas como parte de la respuesta. Cuencas, bosques, manglares, humedales, arrecifes y suelos contribuyen a regular el agua, amortiguar temperaturas, reducir erosión y proteger comunidades e infraestructura. Para ICM, su conservación y restauración deben entenderse como medidas de adaptación y reducción de riesgos, y no únicamente como una agenda de protección ambiental. La adaptación exige traducir la ciencia en política pública En la conferencia “Adaptación a los impactos del cambio climático: la Política Climática y la NDC de México”, Abraham Ortínez, director general, y Celia Piguerón, coordinadora general de Adaptación al Cambio Climático y Ecología, del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), plantearon que la preparación frente a El Niño debe insertarse en una política permanente de adaptación y no agotarse cuando concluya este episodio climático. Piguerón explicó los trabajos para transformar el antiguo Atlas Nacional de Vulnerabilidad en una plataforma nacional de riesgos climáticos y adaptación con información actualizada y herramientas que permitan acercar los escenarios a las decisiones territoriales, así como el proceso de construcción de la Política Nacional de Adaptación. “La adaptación exige traducir la ciencia en política pública. A veces tenemos mucha información, pero el reto es convertir esos datos en acción, con un enfoque sistémico y una gobernanza que no vea los riesgos sector por sector ni región por región. Frente a El Niño y a otros fenómenos climáticos, necesitamos un mecanismo permanente de prevención y no bajar la guardia”, subrayó. El Panel 3, “¿Estamos listos? ¿Cómo nos preparamos? Retos para todos los sectores y niveles de gobierno”, cerró la discusión llevando el diagnóstico hacia las capacidades concretas de prevención y respuesta.

Iniciativa Climática de México presenta recomendaciones para la implementación de las metas climáticas del país a través del Programa Especial de Cambio Climático

Noticias Iniciativa Climática de México presenta recomendaciones para la implementación de las metas climáticas del país a través del Programa Especial de Cambio Climático Iniciativa Climática de México, agosto 11, 2026. ► Cumplir la meta al 2030 implica reducir 144 millones de toneladas de CO₂ equivalente durante el presente sexenio. ►ICM propone 96 medidas clave para el periodo 2026-2030 orientadas al cumplimiento de las metas nacionales de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.   Ciudad de México, 6 de agosto de 2026. La actualización en 2025 de la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC 3.0) abrió una nueva etapa para la política climática de México y para su agenda de desarrollo inclusivo y sustentable. Para contribuir a que esos compromisos climáticos se traduzcan en acciones concretas y medibles, Iniciativa Climática de México (ICM) presenta el documento “Programa Especial de Cambio Climático 2026–2030 desde la Sociedad Civil: Recomendaciones para la implementación de la NDC”.  Tras su aprobación por la Comisión Intersecretarial de Cambio Climático (CICC), el Programa Especial de Cambio Climático (PECC) 2026-2030 –principal instrumento de política pública para orientar la acción climática del país durante la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum– se encuentra en proceso de revisión previo a su publicación. En ese contexto, ICM pone a disposición de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), y de las dependencias participantes, elementos técnicos, normativos e institucionales adicionales que puedan contribuir a una implementación exitosa del programa en los próximos años.  El documento se elaboró con base en análisis desarrollados por ICM y las aportaciones de especialistas de distintos sectores y contiene recomendaciones en materia de descarbonización sectorial, adaptación y resiliencia, gobernanza, financiamiento, y seguimiento e implementación de políticas públicas, con una visión de mediano y largo plazos.    Acción climática desde el gobierno mexicano El texto incluye 96 medidas organizadas en torno a los cinco componentes de la NDC 3.0, junto con los instrumentos y mecanismos de coordinación necesarios para llevarlas a cabo. Incorpora además hitos sectoriales al 2030 para la reducción de emisiones de gases y compuestos de efecto invernadero, que contribuyen a reducir los 144 millones de toneladas de CO₂ equivalente necesarias para cumplir los compromisos climáticos durante el presente sexenio. La propuesta detalla una ruta para la implementación de la NDC 3.0 mediante acciones concretas, instrumentos de política pública e hitos verificables para el periodo 2026-2030. Entre sus principales aportes destacan: 96 medidas estratégicas organizadas en torno a los cinco componentes de la NDC 3.0: temas transversales; mitigación; adaptación; pérdidas y daños, y entorno habilitador y medios de implementación. Cada medida se acompaña de instrumentos de política, mecanismos de coordinación institucional y responsables que facilitan su ejecución. Una hoja de ruta para acelerar la descarbonización de los principales sectores emisores, con hitos para 2030 que incluyen: alcanzar al menos 38.5% de generación eléctrica con fuentes limpias, respecto al 24.6% registrado en 2025 —cerca de 14 puntos porcentuales en menos de cinco años—, en línea con los alrededor de 15 GW adicionales de capacidad limpia y almacenamiento previstos en el Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional 2025–2030, junto con el fortalecimiento de la red de transmisión; eliminar de manera progresiva la generación eléctrica con carbón, estimada en 3.4% de la matriz en 2025, y reducir el uso de combustóleo, estimado en 1% ese mismo año, con miras a su eliminación hacia 2035, mediante una transición energética justa que impulse la restauración ambiental, la reconversión laboral y productiva, y la participación de las comunidades en las regiones afectadas; acelerar la electrificación del transporte, sector responsable de 23% de las emisiones nacionales, mediante estándares que reduzcan el promedio corporativo de los autos nuevos de 125 a 63 gramos de CO₂ por kilómetro, una participación de 30% de las ventas de autobuses urbanos eléctricos y un mayor reparto modal ferroviario de carga, hoy en 13.4%; reducir en 30% las emisiones de metano del sector petróleo y gas respecto de los niveles de 2020, estimados en 29.2 millones de toneladas de CO₂ equivalente, en línea con el Plan de Sostenibilidad de Pemex; impulsar la descarbonización de la industria, origen de 18% de las emisiones nacionales, mediante eficiencia energética, electrificación, cogeneración y combustibles de bajas emisiones; fortalecer una productividad agropecuaria de bajas emisiones con 484 mil hectáreas nuevas de agricultura de conservación, la recuperación de 190 mil hectáreas de suelos degradados y 616 mil hectáreas bajo manejo silvopastoril; avanzar hacia la deforestación neta cero y cumplir la meta 30×30 de conservar el 30% de la superficie nacional terrestre y marina, en un sector con potencial de absorción de al menos 200 millones de toneladas de CO₂; promover la economía circular en el sector residuos, responsable de 9% de las emisiones nacionales, mediante la reducción del desperdicio de alimentos —20.4 millones de toneladas en 2025, equivalentes al 34% de la producción nacional— y el aprovechamiento de residuos orgánicos en al menos 20 plantas de digestión anaeróbica en municipios medianos. Un enfoque integral de adaptación y resiliencia, orientado a fortalecer la gestión del riesgo climático, la seguridad hídrica, la protección y restauración de ecosistemas, la adaptación basada en la naturaleza y el fortalecimiento de capacidades locales. El documento reconoce que aumentar la resiliencia de la población y los territorios es una condición indispensable para el desarrollo sostenible y socialmente inclusivo del país. Recomendaciones para fortalecer la gobernanza y los medios de implementación, mediante mecanismos de coordinación entre dependencias, órdenes de gobierno, sector privado, academia y sociedad civil; fortalecimiento de los sistemas de monitoreo, reporte y verificación de la NDC y una estrategia para movilizar financiamiento climático a la escala que la transición requiere: la agenda de desarrollo sostenible al 2030, plenamente integrada a la NDC 3.0, supone inversiones del orden de 13.6 billones de pesos, unos 727 mil millones anuales. De ahí la importancia de desarrollar una Plataforma de País capaz de articular recursos públicos y privados para acelerar la implementación de la NDC 3.0 y del PECC.  Propuestas para reformar la Ley General de Cambio