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Transporte limpio: un reto institucional y normativo con múltiples beneficios
Carlos Mir, gerente de electromovilidad, Iniciativa Climática de México
La descarbonización del transporte en México ya no es una aspiración lejana: es una necesidad inmediata. En un contexto en el que el país ha actualizado recientemente sus compromisos climáticos a través de la NDC 3.0, el sector transporte, aunque presenta grandes retos, ofrece también una de las mayores oportunidades para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, de las que es actualmente el principal causante. La electromovilidad, en particular, surge como una pieza clave, no solo por los beneficios ambientales que puede generar, sino por sus posibles impactos positivos para la sociedad y la economía.
Sin embargo, avanzar hacia un sistema de transporte de cero emisiones no depende únicamente de la disponibilidad de vehículos eléctricos. Requiere, sobre todo, de decisiones públicas bien articuladas, marcos normativos coherentes y una coordinación efectiva entre actores. La transición no solo es tecnológica: es institucional.
La NDC 3.0 reconoce este desafío y plantea la necesidad de acelerar el paso hacia la implementación. Existe una brecha entre las promesas y la acción, que solo puede cerrarse mediante políticas públicas robustas, legislación adecuada y una visión integral del sistema de transporte, entendida como la articulación entre quienes tienen poder de decisión en los temas relativos a la movilidad de personas y mercancías, la infraestructura de carga, el sistema eléctrico, la planeación urbana y el desarrollo territorial.
La electromovilidad tiene relevancia estratégica. Contribuye a reducir emisiones y tiene impactos positivos en la calidad del aire, la salud pública y la competitividad económica. Su despliegue efectivo depende de múltiples factores: desde la planeación del sistema eléctrico hasta el diseño urbano, pasando por incentivos fiscales, regulación de emisiones y acceso a infraestructura de carga.
Coordinación institucional al centro
La transición hacia la electromovilidad no puede abordarse de manera aislada desde un solo sector. Requiere coherencia entre políticas de energía, transporte, desarrollo urbano y cambio climático. La planeación territorial, por ejemplo, define patrones de movilidad; el desarrollo urbano condiciona la demanda de transporte; y la transición energética determina la capacidad del sistema eléctrico para soportar una flota electrificada. Sin esta alineación, cualquier esfuerzo será fragmentado e insuficiente.
De igual forma, el marco jurídico desempeña un papel habilitador clave. Las leyes generales y la legislación estatal tienen el potencial de traducir los compromisos climáticos en acciones concretas. Desde la integración de la electromovilidad en leyes de movilidad hasta el diseño de incentivos fiscales o esquemas de financiamiento, el marco normativo puede acelerar —o frenar— la transición.
La experiencia internacional lo demuestra: en Noruega, la claridad regulatoria y la planeación de largo plazo han dado certidumbre a fabricantes y al ecosistema industrial para escalar la oferta de vehículos eléctricos, logrando que más del 95% de los vehículos que se venden anualmente sean cero emisiones. En Costa Rica, por dar otro ejemplo, un marco legal adecuado ha facilitado el desarrollo de capacidades institucionales y de mercado para la introducción sostenida de estas tecnologías.
Sin embargo, más allá de los instrumentos, lo que define el rumbo es la corresponsabilidad en la toma de decisiones, especialmente con la participación de actores diversos. Las organizaciones de la sociedad civil han sido fundamentales para posicionar la agenda climática y generar evidencia técnica. El sector público, por su parte, tiene la responsabilidad de traducir esa evidencia en política pública. Y dentro de este sector, tanto las autoridades federales como los gobiernos subnacionales y los órganos legislativos tienen un rol determinante.
Parlamento Abierto sobre electromovilidad
Es particularmente relevante el papel de los legisladores, quienes pueden impulsar reformas, crear marcos habilitadores y asignar recursos. La transición hacia la electromovilidad no ocurrirá sin decisiones legislativas que integren este tema entre las prioridades nacionales y locales. En ese sentido, los espacios de diálogo entre tomadores de decisión, expertos y sociedad civil son más necesarios que nunca.
Desde la sociedad civil damos la bienvenida, el próximo 23 de abril, al Parlamento Abierto sobre electromovilidad, que se realizará en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Este encuentro representa una oportunidad clave para avanzar en esta importante agenda. Esperamos que este espacio sirva para construir consensos, identificar barreras y, sobre todo, generar propuestas concretas desde el ámbito legislativo, social y técnico.
La relevancia de este tipo de ejercicios radica en su capacidad para coordinar agendas. La movilidad, la energía, el desarrollo urbano y el cambio climático no se pueden tratar de manera aislada. La electromovilidad ofrece un punto de convergencia que obliga a trabajar de manera coordinada entre los distintos sectores.
Sin embargo, más allá de los instrumentos, lo que define el rumbo es la corresponsabilidad en la toma de decisiones, especialmente con la participación de actores diversos. Las organizaciones de la sociedad civil han sido fundamentales para posicionar la agenda climática y generar evidencia técnica. El sector público, por su parte, tiene la responsabilidad de traducir esa evidencia en política pública. Y dentro de este sector, tanto las autoridades federales como los gobiernos subnacionales y los órganos legislativos tienen un rol determinante.
Para que México cumpla con sus compromisos climáticos, es necesario acelerar la descarbonización del sector transporte. Esto no depende únicamente de la disponibilidad tecnológica, sino de la existencia de instituciones coordinadas, marcos normativos coherentes y mecanismos de decisión participativos y efectivos que permitan implementar la transición de manera estructurada.
Texto publicado en: Forbes, 7 de mayo de 2026, https://forbes.com.mx/transporte-limpio-un-reto-institucional-y-normativo-con-multiples-beneficios/