Iniciativa Climática de México

Noticias

Habitar también es decidir conservar: Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación

Andrea Santillán Enríquez, colaboradora de Cambio Climático y Biodiversidad, Iniciativa Climática de México (ICM)

 

Cuando los ecosistemas se degradan o se transforman, dejan de funcionar como sumideros de carbono y pueden convertirse en fuentes emisoras. Por ello, se reconoce cada vez con mayor insistencia que la conservación debe incorporar la participación coordinada de los sectores públicos, actores privados, comunitarios y de pueblos originarios. 

Diversificar la gobernanza y reconocer distintos sistemas de manejo del territorio permite integrar los conocimientos, prácticas y necesidades de las poblaciones locales, fortaleciendo tanto la protección ambiental como el bienestar comunitario. En el marco del Día de la Tierra es fundamental reflexionar y empujar aquellos mecanismos que favorecen la colaboración y la conservación.

En México, en el 2002 se estableció en la ley la figura de Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación (ADVC). Se trata de una modalidad de áreas de conservación que se establece por decisión voluntaria del propietario o poseedor del predio. Pueden participar personas físicas o morales, de carácter privado o social, incluyendo gobiernos locales, ejidos, municipios, pueblos originarios, y organizaciones sociales. Este instrumento de la política ambiental permite la conservación de ecosistemas y se formaliza mediante un certificado emitido por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), que puede tener una vigencia de 15 años hasta la perpetuidad.

En la acción climática, las ADVC favorecen la captura y almacenamiento de carbono al proteger ecosistemas, a la vez que reducen las emisiones por cambio de uso de suelo. Por otro lado, sostienen funciones de los ecosistemas que contribuyen a disminuir la vulnerabilidad climática, como la regulación hídrica y la protección ante eventos extremos. En el marco de los compromisos nacionales e internacionales de conservación de la biodiversidad y acción climática, estas áreas tienen un alto potencial de aprovechamiento sostenible y apropiación local. 

En noviembre pasado, el Gobierno de México se comprometió, a través de sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC 3.0), a fortalecer este instrumento mediante incentivos, simplificación de trámites y campañas de difusión. Así como desempeñan un papel relevante en los compromisos climáticos, también tienen un papel en alcanzar la meta 30×30 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que plantea conservar al menos el 30% de las áreas terrestres y marinas para 2030.

Diversificación de ingresos fundamental

Entre los principales retos que enfrentan estas áreas de conservación, que limitan su permanencia a largo plazo, están: la falta de continuidad de los apoyos e incentivos públicos; el crecimiento poblacional en zonas rurales, que incrementa las presiones sobre los ecosistemas; y la insuficiencia de capacidades financieras y técnicas de los propietarios para una gestión adecuada. 

Estudios han detectado que la toma de decisiones es también un desafío porque éstas recaen en quienes poseen los territorios, en diálogo y negociación con instituciones como la CONANP y otras organizaciones. Estos procesos están atravesados tanto por relaciones sociales y culturales propias de las comunidades, como por relaciones de poder, intereses diversos o conflictos territoriales.

A pesar de este contexto, para ser sostenibles en el tiempo, las ADVC deben transitar a un modelo que sea redituable para sus propietarios. Esto implica no sólo cubrir los costos de manejo y conservación, sino también generar incentivos económicos y sociales. En este sentido, es fundamental desarrollar planes de financiamiento que articulen mecanismos autogenerados –como la agricultura sostenible, el ecoturismo o el aprovechamiento forestal– con fuentes externas, tanto públicas como privadas. 

La diversificación de ingresos y el fortalecimiento de capacidades locales son clave para reducir la dependencia de apoyos temporales y asegurar su continuidad. De lo contrario, la certificación corre el riesgo de convertirse en un reconocimiento meramente formal, sin garantizar la conservación efectiva a largo plazo.

Garantizar su permanencia

En el 2026, se contabilizan 619 ADVC que en conjunto protegen alrededor de 1.3 millones de hectáreas. Oaxaca, Guerrero y Campeche destacan por concentrar el mayor número de estas áreas (141, 85 y 38 respectivamente). Oaxaca resalta por representar el 57.5% de la superficie total de ADVC (775 mil hectáreas). En los últimos años, el número de ADVC ha crecido rápidamente, pasando de 374 en 2022 a casi el doble en 2026. 

Tan solo en 2025, se certificaron 58 y, en lo que va del 2026, se han sumado cuatro más de acuerdo con cifras de la CONANP. Sin embargo, la CONANP deja de reconocer aquellas cuya certificación vence, y ya en 2022 se habían descartado 104, según lo señalan estudios. De mantenerse esta tendencia, entre 2025 y 2030 podrían salir del esquema cerca de un centenar adicional, lo que representaría el 5.3% de la superficie bajo conservación. El reto no se limita a incrementar las áreas certificadas, sino a garantizar su permanencia y sostenibilidad en el tiempo.

La conservación no implica ausencia de uso, sino la gestión activa de los ecosistemas para mantener y recuperar sus funciones. A través de acciones como la restauración ecológica, el manejo forestal sostenible o la regeneración de suelos, las Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación pueden fortalecer su capacidad de capturar carbono, conservar biodiversidad y sostener funciones ecosistémicas, al mismo tiempo que representan medios de vida para quienes las habitan. 

Texto publicado en: Greentology, mayo 2026, https://greentology.life/edicion-digital-gt/greentology-edicion-no-49-mayo-2026-el-agua-se-acaba-una-crisis-silenciosa/

Facebook
Twitter
LinkedIn